Termina la película y la sala se queda a oscuras. Nadie se levanta. Nadie hace un ruido. Los créditos terminan, la música se apaga y alguien se sorbe la nariz.Los críticos de cine se mantienen sentados en sus asientos. ¿Se habrán dormido? Entonces, entre dos cabezas, un hombre se seca los ojos, y otro finge limpiar sus gafas. En cualquier punto de la sala hay una persona luchando por hacer desaparecer sus lágrimas de la manera más sutil posible. Nadie querrá reconocer a estas alturas que llora por un película de Mary Poppins (…) —> Sigue leyendo esta crítica de cine en Red Carpetpor favor. ¡Gracias!

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