Aún no sé por qué lo hice. No es importante, ni el daño causado fue grave. Lo que me inquieta es no entender del todo las razones que me impulsaron a actuar de esa manera. He oído que el ser humano es cuerpo y alma, mente y cuerpo, racional y emocional… Incluso que las partes del cerebro se dividen en casillas. Pero existe una cosa rarita en el ser humano, aspectos chusmeros que ocurren de vez en cuando que no sabes explicar.

Me agobiaba un poco la idea de ir de rebajas, así que quedamos en que nos esconderíamos en la primera cafetería que viéramos para huir de la multitud. Estamos en Argüelles porque mi amiga Elena vive allí, así que atravesar esas calles iba a ser una ardua tarea llena de codazos y tentaciones. Al pasar frente a Intimissimi, una tienda de ropa interior, una rubia despampanante nos invita a pasar al grito de: “tenemos bombones”. Me da vergüenza y mi primer impulso es decir: “no, gracias”. Pero estamos paradas, provocando un atasco en medio de la calle, la chica es insistente, estoy mareada y – ¿por qué negarlo? – quiero un bombón; por lo que entramos esperando acabar con ello cuanto antes. Pero nos asaltan dos vendedoras de sonrisa escalofriante y nos preguntan la temida frase: “¿os puedo ayudar en algo?”. Es una trampa. No, señora. No quiero que me ayudes. Sólo quiero mirar y quizá probarme ese vestido carísimo del escaparate que no me pienso comprar. Y hoy concretamente lo que quiero es un bombón. Así que, con la mayor simpatía y humor que soy capaz de mostrar confieso que nos apetece un bombón, que hoy hemos comprado mucho pero que ya otro día volvemos a comprar algo. Mentira, obviamente. Responden amablemente, sonríen y nos dicen que están muy buenos. Sonreímos, cogemos uno. Muchas sonrisas para todos en este espacio tan pequeño.

Noto que Elena se siente culpable, porque empieza a fingir que está interesada por la nueva colección de Wonderbra; así que yo también sigo el rollo y me pongo a mirar la tienda, que me da una pereza enorme. Mi interés recae sobre un cartel que dice: “Reciclamos sujetadores y te damos 3€”, colocado encima de un cilindro metálico que me llega hasta los hombros. Me parece poco higiénico y raro, así que pregunto a la vendedora en qué consiste. “Pues verás, si nos traéis vuestros sujetadores que vayáis a tirar, os regalamos 3€ para que gastéis en la tienda. Reciclamos para… blablabla”. En ese momento mi mente desconecta. Mantengo la sonrisa y la mirada, mientras abro el envoltorio intentado no hacer mucho ruido y me meto el bombón despacio en la boca. Madre mía, cómo se enrolla. Veo que Elena se une a nosotras y afirma con la cabeza, parece estar enterándose de todo. La vendedora levanta la tapa del cilindro y señala el interior como una presentadora de la Teletienda. Yo sonrío y también afirmo con mi mente en blanco, mientras intento morder el exquisito bombón con algo de decoro y sin que se me caiga la baba. Tan concentrada me hallo en mi labor que me he perdido totalmente, y tan sólo las palabras reciclaje y pobreza entran de vez en cuando en mis oídos. Por fin termina de hablar, doy las gracias y… ¡zas! Encesto el envoltorio dentro del cilindro. El silencio que provoco es tangible. La vendedora cambia su risueña expresión por unos incrédulos ojos abiertos como platos. Mi amiga ha intentado impedírmelo, pero ya es tarde, y sólo logra sacarme de la tienda agarrándome del codo, aguantándose una carcajada.

No sé por qué lo he hecho. Supongo que hay una casilla en mi cerebro reservada para este tipo de comportamiento rarito. Hay personas despistadas, maleducadas o incluso hambrientas. Pero después de esto… ¿Qué soy yo?

Share on LinkedInShare on FacebookTweet about this on Twitter

9 Comentarios en “Reciclamos para… blablabla”

  1. Jajajajajjajajajajajajjajajajajajjajajajhajaa me muero

    Responder
  2. Cómo somos guapos nos confunden y nos llaman de las tiendas. Te quiero en mi tienda y te doy un bombón. Cómo lo elegante nos atrae picamos, y cuando ya nos tienen en el bo te hacemos algo que nos descubre, tiro un papel al bote de la conciencia. Ellos no saben como reaccionar, les supera, Era el bote donde descargar un pecado y así poder comprar otro más bonito en la misma tienda.La tienda te absuelve y pecas otra vez pero tranquilo.
    Pues no, ha tenido qué venir alguien de la jet aristocrática del más rancio y antiguo abolengo y decirte”no uses a los pobres para robar a los ricos”
    El llanero

    Responder
  3. Canasta!!!!

    Responder
  4. Me encanta como escribes y me encanta tu “desconexión” familiar.
    No se te ocurra volver por esa tienda porque te has quedado grabada en la retina de las empleadas, “para siempre”.

    Responder
  5. Estupendo. Estoy esperando el próximo.

    Responder
  6. Qué pena que en esta época que nos toca no se den oportunidades a verdaderos talentos que permanecen anónimos … por el momento. Me encanta!!

    Responder
  7. Bienvenida al Club de la Desconexión: Somos multitud. Y en el Club de la Gula, también. Y en el Club del Aburrimiento ante la Publicidad. Y…. Pero al Club de Narraciones Interesantes de Cosas Objetivamente Estúpidas,sólo pueden entrar las grandes narradoras como tú.

    Responder
  8. Podría ser perfectamente una secuencia de una película, muy muy bien descrito las acciones. Quiero más más más!!

    Responder
  9. En serio, este, sin duda, es mi favorito… ME ENCANTA!!

    Responder

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

About Carolina Villa